Shakira es mucho. Y le gusta España,
se nota en cada una de sus visitas y declaraciones. Al menos es lo que
nos creemos aquí, a lo mejor con los daneses es igual de caliente y
entregada, porque lo que está claro es que es que esta chica es una
profesional como la copa de un pino. Compone, canta de maravilla y con
un estilo propio, baila como ninguna estrella del pop (disculpas para Beyoncé),
toca la guitarra y la armónica, y encima pone buena cara y cae bien a
todo el mundo. Las miles de personas que ayer abarrotaban –a lo mejor en
exceso- el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid salieron, a
buen seguro, satisfechas, sonrientes e incluso cansadas de tanto mover
el esqueleto. Un éxito.
La de Barranquilla sorprendió a los asistentes saliendo desde un lateral
y partiendo la pista en dos, vestida de novia rosa y con paso
ceremonioso. Se casaba con Madrid, y el público aceptó sin dejarla casi ni terminar. Entonando Pienso en ti,
de sus primeros discos, subió al altar para continuar con su
ceremonia. Pero a pesar de la alegría y la celebración de esta unión, la
gente no comulgaba del todo con ese ritmo lento y ese pastel bien
dulce. Quería marcha, caña. Y Shakira es capaz de
darla. Se arrancó el vestido y dejó al descubierto la piel habitual en
la diva, leggins ajustado y más aspecto de pantera que de niña buena.
La locura entonces se desató con Ahí te dejo Madrid, canción
que no hubiera estado mal sonase en los bises para despedirse, aunque
resulte un poco obvio. Pero Shakira esta vez no arriesgó y optó por
hacer el mismo setlist del resto de sus últimos conciertos en otros
países. Se nota que cada vez es más estrella internacional, si es que se
puede. El concierto estaba milimétricamente medido y fue digno de
cualquier espectáculo de masas a lo USA.
Pero volvamos a lo acontecido. La colombiana entonces, con un público ya
entregado antes de la tercera canción, dedicó a todos los presentes una
frase con la que se ganó el cariño de propios y extraños: “Esta noche, Madrid, soy toda tuya”.
Y como regalo, en un momento extraño o al menos poco habitual para un
concierto pop de una superstar, la artista subió a la gran pasarela que
se abría paso entre el público a 4 chicas que esa noche no debieron
dormir mucho, para hacerlas bailar y sentirse especiales durante dos
minutos.
Parece que entonces la cosa se transformo en ‘noche nupcial’, una velada
con canciones de todas sus épocas pero en un tono bastante rockero, con
mucha guitarra y algo de la armónica de la diva para contrastar.
Sonaron Inevitable y Suerte con mucha caña, y para contrastar,
se marcó una versión light, bonita para unos y demasiado dulzona para
otros de un tema heavy, el Nothing else matters de Metallica,
después claro de un baile casi místico de una (para variar) chica
vestida de novia con un ramo en las manos. Shakira recogía el testigo y
ofrecía esas flores a su público, brindando así otro regalo de
compromiso.
De pronto, y con este bajón de tensión, Shakira cambio
de registró y se puso flamenca, con un baile de 5 minutos sobre la
percusión de un cajón en que demostró que no hay estilo que a esta mujer
se le resista. Y, cómo no, terminó con Gitana, una de las más
aclamadas de la noche. Fue como un intermedio antes de que se empezara a
derramar sobre la escena la gran hilera de temas ya míticos de sus
últimos años. La Tortura y Ciega y Sordomuda hicieron
levantarse del asiento a lo más parados y todo el mundo bailaba
exorcizado. Incluso los Príncipes de Asturias, que se animaron a bailar
(más ella que él) antes de que Shakira, muy atenta y educada, les saludara y agradeciera su presencia.
Empezó entonces otro de los muchos y diversos mini-conciertos que hay
dentro de un show de Shakira. Tocaba el momento caliente. Underneath
your clothes abría lentamente lo que sería la fase final de locura y
baile desenfrenado, tanto desde el escenario como desde la pista y
gradas. Para empezar este tercio, Gordita, a dúo con unos Calle 13 no presentes, aunque se podían adivinar las facciones de René Residente en
una gran cara que salió de la división de la gran pantalla de detrás de
los músicos. Seguimos con la discotequera Las de la Intuición y con el
single que ahora mismo pega en todo el mundo, Loca. Las
trompetas y cañeros ritmos latinos dejaron paso a una intro con violines
y luces amarillas que destaparon en la gran cara que seguía presente
unos ojos salvajes y animales. Sonó como no podía ser de otra manera Loba, y fue junto a Ojos así, con ritmos árabes y el consiguiente movimiento de caderas, las últimas antes de un breve descanso previo a los bises.
La ceremonia esta a punto de finalizar, y ambas partes habían cumplido y
estaban satisfechas. Pero quedaban tres más. Tras unos minutos de tensa
agonía pensando qué temas se iba a dejar fuera, la diva volvió a salir
al escenario vestida de novia, pero menos pop, mientras caía una espesa
nevada. El principio del fin comenzó por Antes de la seis, que en España tampoco ha sonado mucho todavía. Después, dos de las grandes, de las más esperadas que no podían faltar: Hip’s dont lie y el más celebrado aún, en este año mundialista y de la Roja, Waka Waka. La locura entonces ya era total. Aunque faltó Lo hecho está hecho,
fue una gran manera de cerrar un concierto variado y con diversos
ritmos, una ceremonia y su noche de bodas correspondiente con esta
ciudad y este país que tanto quiere a la artista y viceversa. Y fueron
felices y comieron perdices, eso sí, hasta los próximos conciertos de Bilbao (23 de noviembre) y Barcelona (24 del mismo mes). Muchas felicidades, Shakira.
Shakira volvió a Madrid para dar el ‘Sí, quiero’
Posted by maycol
On sábado, noviembre 20, 2010



